Estar enamorado….

Estar enamorado

Lo primero que pasa cuando se está enamorado es que la idiotez se apodera de ti, te conviertes en un idiota, pero un idiota feliz.  Drogado de hormonas y quien sabe que más sustancias. Literalmente en la fase del enamoramiento más hormonal, vives, comes, duermes, respiras y hasta cagas amor; en tu cara se ve dibujada una sonrisa entre tierna y enferma sin causa aparente, pero por supuesto que la razón de esa sonrisa tiene nombre y es aquella persona que se metió sin permiso en tu vida, tus emociones y tus pensamientos.

Pasaste de tener unos días normales a tener unos días de parque de diversiones, cuando ves a esa persona te sientes como niña de 5 años subida en un carrusel de ponis rosados, cuando le hablas te sientes como en la cima de una montaña rusa a punto de caer al vacío y te sudan hasta las orejas, cuando te escribe sientes como si jugando a reventar  globos con los dardos te ganaste el peluche más grande y peludo de la feria, cuando te sientes correspondido es como si te encontraras un billete de 100.000 en la silla de los carritos chocones y cuando no eres correspondido es como si todo lo que comiste desde el desayuno, almuerzo y comida estuviera apunto se salir por donde entro, por dar tantas vueltas en mismo carrusel de ponis rosados y además de eso llueve, se te moja el celular, pierdes tu billetera , tu cedula, tu dignidad, tu orgullo y hasta tu autoestima, literalmente quedas vuelto mierda.

Por eso todos sabemos que estar enamorado puede ser como una enfermedad física, primero el mareo (por los ponis), segundo la sudoración excesiva (por la caída de la montaña rusa), tercero el vómito y la diarrea por no ser correspondido.

Pero también puede ser una enfermedad mental, algo así como el trastorno bipolar, porque te puedes sentir eufórico, indestructible, emprendedor, empoderado, motivado, irresistible; pero también ansioso, triste, deprimido, feo, bruto y ciego; y lo peor es que todo esto te pasa en un mismo día. Así que la próxima vez que vayas al parque de diversiones mejor ve preparado, lleva mareol, sombrilla, una muda de ropa, papel higiénico y a tu mamá!

La palabra vetada

La palabra vetada

Cuando pienso “esa palabra”, la primera imagen que se me viene a la mente es una habitación oscura, con las cortinas cerradas, con pastillas psiquiátricas o psicoactivas sobre la mesita de noche y un paquete de cuchillas de las de sobre metálico que nunca he sabido para que más sirven aparte de cortarse las venas o depilarse las cejas.

Más que una palabra, es la sensación que genera en una parte dentro de mí que se siente identificada y que a veces la ve como una alternativa entre tantas otras que hay.

Siempre que escucho de alguien que ha optado por esa alternativa de tantas que hay, me pregunto muchas cosas como, ¿en ese momento que tomaste aquella decisión viste el resto de alternativas o tal vez esta era la única o más bien era esta la que te hacía sentir más aliviado?

Si alguien hubiese estado en ese momento para escucharte, habría pasado de igual manera o todo habría sido diferente?

Lloraste mucho antes de hacerlo?

Lo venias pensando con anticipación  o lo hiciste impulsivamente?

Si existiese la posibilidad de regresar en el tiempo, lo volverías a hacer?

Cuando ya por fin te decidiste, sentiste algo de paz en ti?

Te sentiste bien cuando finalmente tomaste la determinación?

Te arrepentiste en algún momento durante el último momento?

Intentaste detenerte mientras lo hacías?

Tener una conversación con estas personas serian de las cosas más emocionantes que tendría en la “vida”, lástima que tener esta conversación nunca va a ser posible o tal vez sí, pero en otra vida.

Como alternativa te tengo mucho respeto, eres definitiva e irreversible, también eres tentadora en momentos pesados, pero demasiada drástica en momentos de duda.

A las personas que optan por ti, las veo fuertes de alguna forma, débiles de muchas otras, pero en general las veo como bastante válidas y en algunos casos hasta valientes.

Ahora me pregunto que les preguntarían los demás a estas personas…

Lo que es bonito, ES BONITO!

Hoy es la primera vez que voy a escribir sin sentirme triste, con rabia o desesperada; esta vez lo hago porque me siento bien, tranquila con facilidad para respirar y con esperanzas de que mañana va a ser un buen día, que va a salir el sol pero que el viento lo va acompañar, como su mejor amigo, lo que al sol posee de fuerte y enérgico, el viento lo complementa con frescura y su silbido.

A pesar de los días grises, van a haber días rojos, rosados, verdes, azules y espero recordarlo cuando me sienta sin color. Qué bonito es poder ver la acuarela de los días, puede que el lienzo sea negro, pero va a tener puntitos de color, que aunque el negro es mayoría, los puntitos coloridos sobresalen sobre él y le restan seriedad, lo vuelven menos sombrío y tenebroso.

Yo creo que el problema son los ojos que a veces se empañan y no dejan ver bien o a veces no suben las cortinas que los cubren y por eso todo se torna oscuro. Pero a pesar de todo los ojos, son sabios porque cuando ven algo bonito se hacen más grandes para poder ver mejor lo que se les pone en frente, lo que es bonito es bonito y aunque la razón que no lo vea, ellos sí.

Deprimamonos de manera diferente!

Y si en vez deprimirte acostado en tu cama, te deprimes acostado en el parque bajo la sombra de un árbol.

Y si en vez de llorar en la ducha, lloras en una piscina nadando de un extremo a otro; al fin y al cabo nadie se dará cuenta porque el agua disimulará tus lágrimas.

Y si en vez de deprimirte viendo televisión, vas a cine y lloras viendo una película triste.

Y si en vez de deprimirte encerrado en tu cuarto, te deprimes encerrado en un baño turco o sauna, por lo menos va a oler a manzanilla de fondo y no a tu mugre después de todo un día sin haberte bañado.

Y si en vez de llorar en el sillón de tu casa, lloras en el diván de un psicoanalista.

Y si en vez de dejarte abrumar con todos esos pensamientos y emociones las escribes en un papel.

Y si en el lugar de descargar tu rabia con tu mamá, hijos y hasta tus perros, la descargas en un gimnasio o practicando boxeo con alguien que si se sabe defender.

Y si en lugar de tratar de descifrar tus pensamientos invasivos, te lees un libro donde descifres a un personaje diferente a ti.

Y si en lugar de hablar contigo mismo, hablas con alguien más.

Y si en lugar de esperar a que te llamen tus amigos, los llamas tú.

Y si en lugar de quedarte sucio todo el día, te bañas, te arreglas, te miras al espejo y empiezas la dura tarea de encontrar algo que te gusta de ti.

Y si en lugar de bajar la mirada cuando te cruzas en la calle a un extraño, le sonríes.

Y si en lugar de quedarte pensando en todo el tiempo que has perdido, arreglas tu habitación, cambias las sabanas y abres la ventana.

Y si en lugar de acabar con todo lo que hay en la nevera a las doce de la noche cuando tu ansiedad se dispara, te tomas un vaso de té.

Y si en lugar de desesperarte cuando estas al borde de la locura, respiras profundamente por 10 minutos y perdonas.

Y si en lugar de callarte, te pones una almohada en la cara y gritas lo más fuerte que puedas. No suena mejor así?

¿Cómo se siente arruinar el día?

Tu día se puede arruinar desde el primer momento de la mañana cuando abres los ojos por el sonido del despertador y decides ponerlo en posponer o 5 minuticos más, pero más allá de esa simple decisión hay un trasfondo que se esconde especialmente si vives con un trastorno como la depresión, ansiedad u otra dificultad emocional a la que no le logras encontrar un nombre, es en ese preciso momento en que abres los ojos y tu primer pensamiento es: no me quiero levantar, no quiero empezar el día, no quiero enfrentar X o Y situación que me produce malestar.

Más que todos esos pensamientos es esa sensación en la  que tu cuerpo en vez de estar hecho de carne y hueso estuviera hecho de ladrillos y arena, que pesa el doble de su peso normal, que tus músculos están tan dormidos, que aunque tu cerebro les manden ordenes de levantarse de la cama, estos lo desobedecen y en lugar de moverte te quedas inmóvil y sigues durmiendo. Cuando menos te lo esperas abres nuevamente los ojos y lo que parecen haber sido 5 minutos en realidad fueron 3 horas y en lugar de empezar tu día a las 8, lo empezaste a las 11 y experimentas una angustia dentro de tu estomago cuando aparecen en tu cabeza todas las cosas que dejaste de hacer y te sientes inútil, desperdiciado, perezoso y vago, sabes que si no fuera por el trabajo u otra obligación tal vez ni te habrías levantado. Y esa sensación puede que dure poco, pero en muchas ocasiones te acompaña por mucho más tiempo del que te gustaría, parece como si el tiempo no te alcanzara y a veces es tan fuerte que en lugar de empezar a hacer cosas para disminuir ese malestar, haces todo lo contrario y decides que al fin y al cabo el día ya se dañó y empiezas a posponer tus actividades, así tal cual lo hiciste con el despertador.

Pasa 1 hora, pasan 2 y la angustia en tu estomago empieza a crecer casi como un dolor leve pero continuo, te sientes demasiado inquieto, tus pensamientos hacen doler ambos lados de tu cabeza, y aunque es tanta la inquietud sigues estando inmóvil, paralizado como si te hubiera picado una serpiente y su veneno no te permitiera arrancar tu día, tu cuerpo está quieto pero tu cabeza va a mil por hora, miles de ideas, miles de sensaciones, miles de ideas.

Se llegaron las 6 de la tarde y no sabes cuándo paso, y aunque no hiciste mucho, te sientes agotado, frustrado, irritable y lo peor: inútil.  Y como era de esperar se llegaron las 12 am y tú allí, con los ojos más abiertos que nunca, sin poder dormir, con una energía acumulada que no tiene por donde salir. Finalmente se llegaron las 4 am y después de dar mil vueltas en tu cama te quedaste dormido.

Y al otro día suena el despertador a las 8 am y tú .. ………………¿Qué harás?

¿Por qué escribir?

Escribo porque descubrí que es la única manera de dejar salir todas las sensaciones e ideas que invaden mi cuerpo y que me es una misión casi imposible poner en palabras, siento que las palabras nos limitan y que se quedan cortas al momento de expresar emociones en las cuales no existen palabras para describirlas, y que sin embargo a si no sean dichas, estas emociones tienen que salir por algún lado y tienen que ser escuchadas por alguien más, porque si no salen de nuestro interior, pueden irnos ahogando y carcomiendo por dentro.

Al momento de escribir y tratar de explicar lo que siento parecen adquirir un poco de sentido a comparación de cuando la guardo para mis adentros y que es un mar de ideas, imágenes y pensamientos mezclados, que parecen no tener ninguna lógica y que al momento de confrontarlo parecen indescifrables.

Escribir sí que da miedo, poner en palabras y símbolos intelegibles toda la cantidad de emociones que tenemos los seres humanos es una tarea difícil, sin embargo al poner ese mar de ideas e imágenes en palabras todo parece tomar un poco más de orden y comprensión hacia uno mismo. De alguna forma cuando escribo siento que no estoy sola y que las letras y palabras me acompañan, sin embargo hay que cuidarnos de las palabras porque nos pueden causar mucho dolor y sufrimiento si son cargadas de emociones negativas y falta de perspectiva. Todos hemos tenido esa voz interna que en lugar de hablarnos como cualquier persona lo haría, lo hace de manera despiadada y castigadora. Por eso hay que dejar hablar esas voces, pero primero tenemos que conocerlas para que no se apoderen de nosotros. Por eso escribir es una buena opción, en algún punto puede ayudarte a conocerte mejor y conocer mejor a los demás.

Hay que dejar salir a las palabras porque nos pueden atragantar y aunque no siempre transmitan exactamente lo que estamos viviendo, nos dan una guía de cómo podemos darle un significado a todo lo que no logramos entender y nos hace daño. También nos ayuda a desahogarnos cuando no tenemos con quien hablar de lo que sentimos; ya sea porque no consideramos a alguien lo suficientemente cercano o porque nos cuesta mucho poner en palabras ante otros lo que nos está pasando ante el temor de quedarnos cortos de palabras o no llegar a ser comprendidos.

Escribir se siente bien…